domingo, 3 de junio de 2007

Preseptos




Tu relación con los demás es una de las ciencias de tu vida. Y tú necesitarás aprender esta ciencia de tu vida, para vivir en armonía en un mundo de comunicaciones interpersonales confusas, incompletas y demoradas, que te presentará en todo momento la necesidad de aprender a comunicarte con los demás.
En tu relación personal con los demás, tú debes aprender a confiar en las personas. Y tú aprenderás a confiar, desconfiando en las personas.
Relaciónate e interactúa con todas las personas, aceptando a todas las personas. Recordando que debes respetar a todas las personas.
Aprende a respetar a todos, en pensamiento, en palabra y en acción.
Aprende a respetar, incluso al hombre de corazón perverso, y también a tu enemigo.
Enfrenta, combate y destruye lo que deba ser enfrentado, combatido y destruido en el camino de tu vida.
Pero recordarás no ser irreverente, y no brindarle refugio a la soberbia. Porque tú no dejarás de respetar todo el tiempo, incluso a lo que debas enfrentar, combatir y destruir, en el camino de tu vida.
No lo harás, para que los oOíshas no te retiren su apoyo, y para que la obra de tus manos siempre sea bendecida.
Relaciónate con todos, con quienes son dignos, y con quienes no lo son.
Relaciónate e interactúa con todos, porque todos necesitan de ti.
Y porque aunque hoy no veas con claridad las razones, tú mismo o tú misma necesitas de todos.
Considera que los demás han vivido experiencias diferentes a las tuyas.
Que otros conocieron antes que tú, caminos que tú transitarás después.
Considéralo, porque tú puedes aprender de la experiencia de otros, y aliviarás tu vida ahorrándote sinsabores, sufrimientos y fracasos, conociendo la experiencia de los demás.
Estimula a los demás a continuar adelante. Y haciéndoles ver que son importantes.
Reconóceles sus buenas acciones.
Reconóceles su desempeño armonioso.
Y reconoce públicamente los valores que encuentres.
Porque haciéndolo, tú te conviertes en un factor catalizador efectivo de un desarrollo conveniente y armonioso en quienes te rodean, y en el mundo que con ellos compartes.
Cuando en tu andar tropieces con el hombre inicuo, con el de malos pensamientos, con el de acciones perversas, no sea tu filosofía evadirle ni resistirle, sino enfrentarle.
Dondequiera que te lleven tus pasos, lleva en tu mente, en la enseñanza de tus labios y en la obra de tus manos, el mensaje esperado de la solidaridad, ayudando a los demás de la manera que puedas, y de una manera efectiva.
Conviértete desde hoy hasta la eternidad, en portavoz amable de un mensaje docente de fraternidad humana.
Haz de tu relación con los demás un apostolado por la unión entre las personas, por la unidad de las personas, y por la dignidad de las personas.
Tú has de seleccionar a quienes recibirán de tu boca, determinadas informaciones y revelaciones.
No entregues secretos espirituales valiosos a quienes no están preparados para recibirlos.
Porque ellos no apreciarán aunque lo intenten, el valor de lo que dices y el valor de lo que ofreces.
No desperdicies personalmente un tiempo valioso que podrías ocupar de otra manera, ni obligues a otras personas a emplear su tiempo en algo que no les interesa, porque no es parte de sus prioridades.
En tu relación con los demás, respeta a quienes se abstienen, aunque no entiendas ni apruebes su camino.
Porque muchas personas se abstienen porque están inseguras, o porque desconocen.
Y porque, aún cuando no tengan una razón que lo justifique, es su derecho decidir como deciden.
Cuando tú te permites juzgar a otros, estás autorizando al Universo a que te juzgue.
Y el Universo, sin falta un día lo hará. Porque Orísha no olvida. Y porque todo queda escrito en la memoria de Ifá.
Por eso hoy yo te mando a que aprendas a juzgar a los demás.
Aprender a juzgar a los demás, será para ti un desafío de inteligencia, de prudencia, de justicia y equidad.
Tu capacidad para juzgar a los demás, será para ti una prueba indicadora de tu propio equilibrio y de tu madurez personal.
Y no olvidarás que, así como juzgues, tú serás juzgado, tú serás juzgada. Porque lo que envíes, ciertamente a ti regresará.
Y te esforzarás haciendo por los demás y tratando a los demás, tan justamente como quisieras que ellos procediesen contigo. Porque lo que envíes desde ti, recuérdalo, a ti regresará. Porque Orísha no olvida. Y porque todo queda escrito en la memoria de Ifá.

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