lunes, 26 de octubre de 2009

“Con la vara que midas serás medido”




Hace tiempo leí un texto el cual más que grabado en mi mente me hizo reflexionar, pero sobre todo tomar conciencia de la importancia del testimonio que damos con nuestras acciones a quienes nos rodean, sobretodo a nuestros hijos. El texto decía mas o menos así:
Un día un señor ya grande solo, cansado, decidió buscar a su único hijo para irse a pasar sus últimos días de su vida con él y su familia, en busca de compañía, cariño y comprensión. El señor esperaba que su hijo lo recibiera con los brazos abiertos; el hijo al ver lo que deseaba el papá comenzó a decirle que en su casa no tenía lugar y espacio para él, así como tampoco lo aceptaría su familia.
Finalmente, el hijo aceptó que su padre se quedara en el cuarto de la servidumbre solo durante un tiempo. Éste llamo a su pequeño hijo de tan sólo ocho años de edad y le pidió que le trajera a su abuelo una vieja cobija. El niño tardaba demasiado, el padre subió para ver cual era el motivo de la tardanza del niño. Este pequeño estaba cortando la cobija en dos partes, el padre enfurecido le preguntó ¿por qué estas cortando en dos partes esa cobija? El niño respondió para guardarte la mitad de ella para que cuando tú seas viejo y vayas a mi casa ver en que lugar te pondré.
Hoy en día la mayoría de los hijos optan por llevar a los padres asilos o lugares similares justificando diciendo que están mejor “atendidos”. Un anciano, no debe ser una carga para los hijos, estamos conscientes que ya no cuentan con la misma capacidad, habilidad, y fuerza que un adulto o un niño pero siguen siendo seres humanos los cuales requieren de nuestro respeto, atención, cariño y comprensión.

No olvidemos que antes de tener o ser novio (a), esposo (a), hijo (a) tuvimos padres. Y que si somos lo que somos y seremos mañana es gracias a la educación, principios y valores que ellos mismos con su ejemplo nos inculcaron. Y que tarde o temprano nosotros también, llegaremos a la tercera edad.

viernes, 28 de agosto de 2009

viernes, 7 de noviembre de 2008

El valor que tendríamos que dar al Silencio...





....... "Hasta el necio, cuando calla, es contado por sabio". Sin embargo, aunque son muchísimos más quienes defienden el valor del silencio, no faltan los detractores. que afirman que es "la virtud de los tontos", o otros que en la misma linea peyorativa, lo definen como "el ingenio de los necios". Personalmente, y poniéndome del lado del sentido común, pienso que son necesarios muchos años de sabiduria y de experiencias vividas para saber cuándo es tiempo de hablar y cuándo lo es de callar. Por eso, en este tema, afirmo que se necesitan dos años de la vida para aprender a hablar y 60 para saber callar.
La cuestión, por tanto, es saber discernir con exactitud cuando debemos permanecer en silencio. Bien porque hablar no va a conducir a nada o porque si lo hacemos corremos el riesgo de perjudicar a los demás o, incluso, a nosotros mismos. ¨Por qué perder tiempo y energías pretendiendo convencer a alguien de quien se sabe, con toda certeza, que no sólo no va a entrar en razón, sino que va a montar en cólera, se va a sentir fatal e incluso padeceremos nosotros mismos?....... El silencio, en este caso, resulta más rentable. ¨Por qué dar más explicaciones, intentar un nuevo acercamiento y tratar de captar nuevamente la atención, con más argumentos y promesas, de una persona que prometió fidelidad a nuestra amistad y después todo quedo en pirotecnia? Quedar en Silencio rotundo es lo más sensato, porque concidero que..."El silencio es la elocuencia de los que han sufrido". Digan lo que digan, el silencio, el arte de saber callar a tiempo, puede ir cargado de una 'voz', de un mensaje interior más claro y directo que las palabras, y convertirse en el oro del alma. "El gran talento no consiste precisamente en saber lo que se ha de decir, sino en saber lo que se ha de callar". Lo mejor, entonces, seria hacer los primeros pinitos como aprendices de sabio apreciando en su justo valor la oportunidad del silencio....

Ialorisha Miriam ti Oya

jueves, 6 de noviembre de 2008

martes, 3 de junio de 2008

martes, 27 de mayo de 2008

Susceptibilidad












Las personas susceptibles acarrean una pesada desgracia: la de ser retorcidos. Complican lo sencillo y agotan al más paciente. Viven siempre con la guardia en alto, a pesar de lo cansado que resulta.Son capaces de encontrar secretas intenciones, conjuras o malévolos planteamientos en las cosas más sencillas. Imaginan en los ojos de los demás miradas llenas de censura. Una pregunta cualquiera es interpretada como una indirecta o una condena, como una alusión a un posible defecto personal. Con ellos hay que medir bien las palabras y andarse con pies de plomo para no herirles.La susceptibilidad tiene su raíz en el egocentrismo y la complicación interior. "Que si no me tratan como merezco..., que si ése qué se ha creído..., que no me tienen consideración..., que no se preocupan de mí..., que no se dan cuenta...", y así ahogan la confianza y hacen realmente difícil la convivencia con ellos.Veamos algunos ejemplos de ideas para alejar ese peligro:- guardarse de la continua sospecha, que es un fuerte veneno contra la amistad y las buenas relaciones familiares;- no querer ver segundas intenciones en todo lo que hacen o dicen los demás;- no ser tan ácidos, tan críticos, tan cáusticos, tan demoledores: no se puede ir por la vida dando manotazos a diestro y siniestro;- salvar siempre la buena intención de los demás: no tolerar en la casa críticas sobre familiares, vecinos, compañeros o profesores de los hijos;- confiar en que todas las personas son buenas mientras no se demuestre lo contrario: cualquier ser humano, visto suficientemente de cerca y con buenos ojos, terminará por parecernos, en el fondo, una persona encantadora (Plotino decía que todo es bello para el que tiene el alma bella); es cuestión de verle con buenos ojos, de no etiquetarle por detalles de poca importancia ni juzgarle por la primera impresión externa;- no hurgar en heridas antiguas, resucitando viejos agravios o alimentando ansias de desquite;- ser leal y hacer llegar nuestra crítica antes al interesado: darle la oportunidad de rectificar antes de condenarle, y no justificarnos con un simple "si ya se lo dije y no hace ni caso...", porque muchas veces no es verdad.- soportarse a uno mismo, porque muchos que parecen resentidos contra las personas que le rodean, lo que en verdad les sucede es que no consiguen luchar con deportividad contra sus propios defectos.

Alfonso Aguiló

Celos....


Celos que a veces se hacen enfermizos que equivocan el camino de la esperanza son como abismos, cuando todo naufraga en la escena de la soslayada imaginación.Celos que rompen con la armonia del amor que ahogan la musicalidad de la felicidad cincelando el sentir del corazón y el alma en un veneno letal, asesino en destrucción.Celos que atrofian los sentidos de un te amo que son la valvula para incubar cada ofensaque contruyen prisiones de desconfianza al no modular con sabiduria esa tribulación.Celos que siembran odio, fatalidad y mucha ira que enerva la sangre y causa heridas profundas violencia que no cesa, se torna mansalva y ciega cuando apuñala lo que un día nacio del corazón.Cierra la puerta de esos mezquinos sentimientos deja que la libertad oxigene lo que en verdad ama llenate de música con semillas de notas de alegría para que la felicidad os cante brindando solo amor.Abre la puerta del amor buscando ese perdón el único que disipara de ti, tus cruciales penas que te brindará abnegación para hallar sabiduria en las redes de la fé y el arco iris de la absolución.LEO FRANK PARK